Portada del Evangelio del día — 1 de septiembre de 2026

Evangelio del día — 1 de septiembre de 2026

EVANGELIO DEL DÍA

Martes, 1 de septiembre de 2026

Martes de la XXII semana del Tiempo Ordinario

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Lucas

Lc 4, 31-37

Y bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, donde enseñaba al pueblo en
los días de sábado. Y estaban asombrados de su doctrina, porque su modo
de predicar era de gran autoridad y poderío. Se hallaba en la sinagoga
cierto hombre poseído de un demonio inmundo, el cual gritó con gran voz,
diciendo: Déjanos en paz: ¿qué tenemos nosotros que ver contigo, oh
Jesús Nazareno? ¿Has venido a exterminarnos? Ya sé quién eres, eres el
Santo de Dios.

Mas Jesús, increpándolo, le dijo: Enmudece, y sal de ese hombre. Y el
demonio, habiéndolo arrojado al suelo en medio de todos, salió de él,
sin hacerle daño alguno. Con lo que todos se atemorizaron, y conversando
unos con otros decían: ¿Qué es esto? Él manda con autoridad y poderío a
los espíritus inmundos, y luego van fuera. Con esto se iba esparciendo
la fama de su nombre por todo aquel país.

Palabra del Señor.

✱ Texto bíblico: Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat, edición-base de 1884. Dominio público.

Reflexión

En Cafarnaúm, la gente descubre que la palabra de Jesús tiene
autoridad porque no se limita a explicar: libera. Cristo se enfrenta al
mal y devuelve al hombre la libertad, sin hacerle daño.

También nosotros conocemos realidades que pueden dominarnos: un
resentimiento que reaparece, una mentira que seguimos sosteniendo, una
costumbre que no controlamos o un miedo que decide por nosotros. No todo
problema debe interpretarse como una acción demoníaca, pero el Evangelio
sí nos recuerda que el mal existe y que no siempre podemos vencerlo
solos.

Jesús no viene a aplastar al ser humano, sino a liberarlo de aquello
que lo desfigura. Su autoridad no humilla ni intimida: devuelve la
posibilidad de vivir de otra manera.

Cuando algo nos roba la paz o la libertad, el primer paso puede ser
dejar de ocultarlo y ponerlo ante Cristo. A veces su ayuda llegará
también por medio de la oración de la Iglesia, de una conversación
sincera o del acompañamiento de una persona prudente. El Santo de Dios
sigue actuando para que el mal no tenga la última palabra.

Consejo para la vida

Pon hoy ante Jesús, con sencillez y sin dramatismos, aquello que
reduce tu libertad o te aparta del bien. No confíes únicamente en tu
fuerza de voluntad. Pide la ayuda del Señor y, si es necesario, acepta
también la mediación concreta de la Iglesia o de una persona prudente
que pueda acompañarte.

Oración

Jesús, Santo de Dios, tu palabra es verdadera y tu autoridad libera.
Entra en los lugares de mi vida donde la mentira, el miedo o el pecado
quieren dominarme. Hazme confiar en ti y recibir tu gracia con humildad.
Protégeme del mal y conduce mi libertad hacia el bien, para que viva
como hijo de Dios. Amén.