La esperanza necesita una vida que la sostenga

Hay esperas que comenzamos con ilusión y que después se vuelven difíciles. Esperamos una mejoría, una reconciliación, una respuesta. Al principio tenemos fuerzas para todo. Pero los días pasan, la novedad desaparece y descubrimos cuánto cuesta permanecer. También nuestra fe atraviesa esa experiencia. Creemos en el Señor y deseamos seguirlo, pero debemos aprender a vivir esa relación cuando no sucede nada extraordinario.

Aprender a terminar la jornada

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Una tarea puede terminar en el horario y continuar durante horas dentro de nosotros. Seguimos repasando mensajes, anticipando dificultades o pensando qué deberíamos haber hecho. A veces hemos dejado el lugar de trabajo, pero continuamos disponibles para cualquier petición. La jornada se prolonga sin un final reconocible.