Recibir a Cristo y aprender a ser Iglesia
Podemos participar en una celebración y vivirla casi enteramente como un asunto privado. Llegamos con nuestras preocupaciones, buscamos un momento de recogimiento y regresamos a casa. Todo eso tiene un lugar legítimo. Pero la Eucaristía nos introduce en una realidad mayor: Cristo se entrega y, al recibirnos en su comunión, nos vincula también con los demás miembros de su cuerpo.