Jesús y sus discípulos camino de Jerusalén

Evangelio del día — 24 de octubre de 2026

Sábado, 24 de octubre de 2026

Sábado de la XXIX semana del Tiempo Ordinario

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas · Lc 13, 1-9

En este mismo tiempo vinieron algunos, y contaron a Jesús lo que había sucedido a unos galileos, cuya sangre mezcló Pilatos con la de los sacrificios que ellos ofrecían.

Sobre lo cual les respondió Jesús:

«¿Pensáis que aquellos galileos eran entre todos los demás de Galilea los mayores pecadores, porque fueron castigados de esta manera?

Os aseguro que no; si vosotros no hiciereis penitencia, todos pereceréis igualmente.

Como también aquellos dieciocho hombres, sobre los cuales cayó la torre de Siloé, y los mató, ¿pensáis que fuesen los más culpados de todos los moradores de Jerusalén?

Os digo que no; mas si vosotros no hiciereis penitencia, todos pereceréis igualmente».

Y les añadió esta parábola:

«Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y vino a ella en busca de fruto, y no lo halló; por lo que dijo al viñador: “Ya ves que hace tres años seguidos que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, pues; ¿para qué ocupará terreno gratis?”.

Pero él respondió: “Señor, déjala todavía este año, y cavaré alrededor de ella, y le echaré estiércol, a ver si así dará fruto; cuando no, entonces la harás cortar”».

Palabra del Señor.

Texto bíblico: Félix Torres Amat. Dominio público. Ortografía y puntuación normalizadas.

REFLEXIÓN

Jesús rechaza una interpretación cruel del sufrimiento: quienes padecen una desgracia no son, por ese hecho, más culpables que los demás. No podemos utilizar una enfermedad, un accidente o una catástrofe para dictar sentencia sobre la conciencia de sus víctimas.

Pero tampoco permite que la noticia se convierta en una conversación sobre otros que nos mantenga al margen. La fragilidad de la vida nos concierne. La pregunta no es qué habrán hecho ellos, sino cómo estamos viviendo nosotros.

La parábola de la higuera une la seriedad de esa llamada con la paciencia de Dios. El árbol no da fruto, pero el viñador pide tiempo y se compromete a cuidarlo. La espera viene acompañada de trabajo: cavar, abonar, favorecer una vida que todavía puede crecer.

Así actúa la gracia. No declara irrelevante nuestra esterilidad ni nos abandona a ella. Abre un tiempo de conversión y ofrece medios para que nuestra existencia sea fecunda.

Recibir una nueva oportunidad implica aceptar también ese cuidado. Hay terrenos de nuestra vida que necesitan ser removidos para que puedan volver a dar fruto.

CONSEJO PARA LA VIDA

Elige un ámbito donde lleves tiempo sin avanzar y establece una medida pequeña para esta semana: pedir acompañamiento, ordenar una obligación o dedicar un tiempo fijo a la oración.

ORACIÓN

Padre misericordioso, gracias por tu paciencia y por el tiempo que todavía me concedes. No permitas que juzgue a quienes sufren ni que desaproveche tu llamada. Cultiva mi corazón para que dé frutos de conversión y caridad. Amén.