EVANGELIO DEL DÍA
Sábado, 3 de octubre de 2026
Memoria de santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
Lc 10, 17-24
Regresaron los setenta y dos discípulos llenos de gozo, diciendo: «Señor, hasta los demonios mismos se sujetan a nosotros por la virtud de tu nombre».
A lo que les respondió: «Yo estaba viendo desde el principio del mundo a Satanás caer del cielo a manera de relámpago.
Vosotros veis que os he dado potestad de hollar serpientes y escorpiones y todo el poder del enemigo, de suerte que nada podrá haceros daño.
Con todo eso, no tanto habéis de gozaros porque se os rinden los espíritus inmundos, cuanto porque vuestros nombres están escritos en los cielos».
En aquel mismo punto Jesús manifestó un extraordinario gozo al impulso del Espíritu Santo y dijo: «Yo te alabo, Padre mío, Señor del cielo y de la tierra, porque has encubierto estas cosas grandes a los sabios y prudentes del siglo y las has descubierto a los humildes y pequeñuelos. Así es, ¡oh Padre!, porque así fue tu soberano beneplácito.
El Padre ha puesto en mi mano todas las cosas. Y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelarlo».
Y vuelto a sus discípulos, dijo: «Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis.
Pues os aseguro que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron; como también oír las cosas que vosotros oís y no las oyeron».
Palabra del Señor.
Texto bíblico: Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat, edición-base de 1884. Dominio público.
Reflexión
Los discípulos regresan entusiasmados por el poder que han experimentado. Jesús no niega el bien realizado, pero corrige el motivo de su alegría. Su identidad no debe descansar en los resultados, en la influencia ni siquiera en el éxito apostólico, sino en pertenecer a Dios: sus nombres están escritos en el cielo.
Cuando nuestra paz depende del reconocimiento o de la eficacia, cada fracaso amenaza con destruirnos. Cristo ofrece un fundamento más profundo. Antes de nuestros logros está el amor de Dios, que nos conoce y nos llama por nuestro nombre. Desde esa seguridad podemos trabajar con generosidad sin convertir los frutos en medida absoluta de nuestro valor.
Santa Teresa del Niño Jesús comprendió que la pequeñez no es mediocridad ni pasividad. Es aceptar la propia pobreza y confiar en la gracia para realizar con amor los actos ordinarios. Las cosas grandes del Reino se revelan a quienes dejan de apoyarse únicamente en su suficiencia. El camino de la infancia espiritual no consiste en permanecer inmaduro, sino en vivir con confianza, humildad y entrega.
Consejo para la vida
Realiza con especial amor una tarea ordinaria que normalmente haces de forma mecánica. No busques que sea vista ni agradecida. Ofrécela a Dios y recuerda que tu valor no depende del resultado obtenido.
Oración
Padre bueno, gracias porque me conoces y has escrito mi nombre en el cielo. Por intercesión de santa Teresa del Niño Jesús, dame un corazón pequeño, confiado y fiel, capaz de hacer con amor las cosas sencillas de cada día. Amén.
