Jesús sana al hombre de la mano seca — Evangelio del 7 de septiembre de 2026

Evangelio del día — 7 de septiembre de 2026

EVANGELIO DEL DÍA

Lunes, 7 de septiembre de 2026

Lunes de la XXIII semana del Tiempo Ordinario

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Lucas

Lc 6, 6-11

Sucedió que entró otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Se hallaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha.

Y los escribas y fariseos le estaban acechando, a ver si curaría en sábado, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, que calaba sus pensamientos, dijo al que tenía seca la mano: «Levántate y ponte en medio». Se levantó y se puso en medio.

Les dijo entonces Jesús: «Tengo que haceros una pregunta: ¿Es lícito en los días de sábado hacer bien o mal? ¿Salvar a un hombre la vida o quitársela?».

Y dando una mirada a todos alrededor, dijo al hombre: «Extiende tu mano». La extendió y la mano quedó sana. Mas ellos, llenos de furor, conferenciaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús.

Palabra del Señor.

Texto bíblico: Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat, edición-base de 1884. Dominio público.

Reflexión

Jesús coloca en medio de la sinagoga al hombre que todos miraban como un problema. Los escribas observan para acusar; Cristo mira para sanar. La diferencia está en lo que cada uno busca cuando tiene delante la fragilidad ajena.

También nosotros podemos aplazar el bien porque no es el momento, porque tememos equivocarnos o porque pensamos que otro debería ocuparse. Sucede cuando advertimos el cansancio de un familiar, la dificultad de un compañero o la soledad de un vecino y seguimos adelante para no complicarnos.

Jesús no desprecia la ley; devuelve a la ley su finalidad: servir a la vida. Su pregunta nos obliga a reconocer que también la pasividad tiene consecuencias. No hacer el mal no basta cuando está en nuestra mano realizar un bien concreto.

Cristo dice al hombre: «Extiende tu mano». Aquello que estaba paralizado vuelve a servir. Cuando dejamos que el Señor sane nuestra indiferencia, también nuestras manos recuperan su verdadera misión: ayudar, sostener y cuidar.

Consejo para la vida

No pospongas hoy un bien sencillo que ya sabes que puedes hacer. Una llamada, una ayuda doméstica, una respuesta pendiente o unos minutos de escucha pueden devolver a alguien un poco de fuerza. Hazlo con discreción, sin esperar ningún reconocimiento.

Oración

Señor Jesús, tú pones en el centro a quien necesita misericordia. Cura mi indiferencia y mis excusas; enséñame a reconocer el bien que puedo hacer hoy. Que mis manos no permanezcan cerradas por miedo o comodidad, sino disponibles para servir con humildad. Amén.