Parábola del amigo importuno, ilustración de John Everett Millais

Evangelio del día — 8 de octubre de 2026

EVANGELIO DEL DÍA

Jueves, 8 de octubre de 2026

Jueves de la XXVII semana del Tiempo Ordinario

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Lucas · Lc 11,5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si alguno de vosotros tuviere un amigo y fuese a estar con él a medianoche y a decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque otro amigo mío acaba de llegar de viaje a mi casa, y no tengo nada para darle”;

aunque aquél desde adentro le responda: “No me molestes, la puerta está ya cerrada, y mis criados están como yo acostados, no puedo levantarme a dártelos”;

si el otro porfía en llamar y más llamar, yo os aseguro que, cuando no se levantare a dárselos por razón de su amistad, a lo menos por librarse de su importunidad se levantará al fin y le dará cuantos necesite.

Así os digo yo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Porque todo aquel que pide, recibe; y quien busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Que si entre vosotros un hijo pide pan a su padre, ¿acaso le dará una piedra? O si pide un pez, ¿le dará en lugar de un pez una serpiente?

O si pide un huevo, ¿por ventura le dará un escorpión?

Pues si vosotros, siendo malos como sois, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará el espíritu bueno a los que se lo piden?».

Palabra del Señor.

Texto bíblico: Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat, edición-base de 1884. Dominio público.

Reflexión

Jesús vuelve a hablarnos de pedir, pero hoy introduce la perseverancia. Hay oraciones que hacemos una vez y olvidamos; otras nos acompañan durante meses o años. Cuando la respuesta tarda, aparece una pregunta difícil: ¿para qué continuar rezando si Dios ya sabe lo que necesito?

La perseverancia no sirve para vencer la resistencia de un Dios que se niega a escucharnos. Jesús termina hablando del Padre y del don del Espíritu. Mientras insistimos, no sólo presentamos una necesidad: también vamos aprendiendo a confiar, a purificar nuestras peticiones y a permanecer delante de Dios cuando ya no podemos sostenernos únicamente en el entusiasmo.

Quizá la respuesta no llegue en la forma esperada. Pero ninguna oración sincera deja intacto a quien persevera en ella. A veces cambia la situación; otras veces empieza cambiando nuestro modo de atravesarla.

Consejo para la vida

Recupera hoy una intención por la que hace tiempo dejaste de rezar porque parecía no ocurrir nada. Preséntala nuevamente a Dios, sin exigir un plazo ni un resultado concreto.

Oración

Padre, conoces aquello que llevo tiempo pidiéndote. Cuando me canse de esperar, sostenme. Purifica mi petición, aumenta mi confianza y dame tu Espíritu para reconocer tu voluntad incluso cuando la respuesta no sea la que yo había imaginado. Amén.