Cristo cura a un hombre poseído, Jacob Jordaens

Evangelio del día — 9 de octubre de 2026

EVANGELIO DEL DÍA

Viernes, 9 de octubre de 2026

Viernes de la XXVII semana del Tiempo Ordinario

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Lucas · Lc 11,15-26

En aquel tiempo, algunos de los presentes dijeron:

«Por arte de Belzebub, príncipe de los demonios, echa los demonios».

Y otros, por tentarle, le pedían que les hiciese ver algún prodigio en el cielo.

Mas Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo:

«Todo reino dividido contra sí mismo quedará destruido, y una casa dividida caerá sobre otra.

Pues si Satanás está también dividido contra sí mismo, ¿cómo ha de subsistir su reino? Porque decís que yo lanzo los demonios por arte de Belzebub.

Y si yo lanzo los demonios por arte de Belzebub, ¿por quién los lanzan vuestros hijos? Por eso ellos mismos serán vuestros jueces.

Pero si yo lanzo los demonios por el dedo de Dios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda la entrada de su casa, todas las cosas que posee están seguras. Mas si otro más fuerte que él, asaltándolo, le vence, le quitará todas las armas en que confiaba y repartirá sus despojos.

Quien no está por mí, está contra mí; y quien no recoge conmigo, desparrama.

Cuando el espíritu inmundo ha salido de un hombre, anda por lugares áridos buscando reposo; y no hallándolo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”.

Y viniendo a ella, la halla barrida y bien adornada.

Entonces va y toma consigo a otros siete espíritus peores que él, y entrando en esta casa fijan en ella su morada. Con lo que el último estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero».

Palabra del Señor.

Texto bíblico: Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat, edición-base de 1884. Dominio público.

Reflexión

La última imagen del Evangelio es inquietante: una casa queda limpia y ordenada, pero vacía. Jesús nos recuerda que la conversión cristiana no consiste únicamente en quitar cosas malas de nuestra vida. Si eliminamos un vicio, una costumbre destructiva o una forma de vivir, pero no llenamos ese espacio con algo bueno, el vacío puede terminar reclamando nuevamente lo anterior.

Por eso no basta preguntarnos qué debemos dejar. También necesitamos preguntarnos qué debe ocupar ahora ese lugar. Una relación dañina quizá deba ser sustituida por vínculos sanos; una costumbre que consume nuestro tiempo, por una disciplina nueva; un pecado repetido, por una virtud practicada deliberadamente; una vida alejada de Dios, por oración, sacramentos, caridad y comunidad.

Cristo no viene simplemente a dejar la casa limpia. Viene a habitarla. La vida nueva no consiste en estar vacíos de mal, sino llenos de una presencia que ordena y transforma.

Consejo para la vida

Piensa en algo que hayas intentado abandonar recientemente. Pregúntate con qué bien concreto estás llenando el espacio que ha dejado. Si no hay respuesta, elige hoy una práctica positiva que pueda sustituirlo.

Oración

Señor Jesús, no quiero limitarme a apartar de mi vida aquello que me hace daño. Ven Tú a ocupar el centro. Llena mis vacíos con tu presencia y ayúdame a construir hábitos que me conduzcan hacia el bien. Amén.