EVANGELIO DEL DÍA
Miércoles, 9 de septiembre de 2026
Miércoles de la XXIII semana del Tiempo Ordinario
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
Lc 6, 20-26
Entonces, levantando los ojos hacia sus discípulos, decía: «Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y os separen, y os afrenten, y abominen de vuestro nombre como maldito, en odio del Hijo del hombre; alegraos aquel día y saltad de gozo, porque os está reservada en el cielo una gran recompensa; tal era el trato que daban sus padres a los profetas.
Mas ¡ay de vosotros los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo en este mundo. ¡Ay de vosotros los que andáis hartos!, porque sufriréis hambre. ¡Ay de vosotros los que ahora reís!, porque día vendrá en que os lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros cuando los hombres os aplaudieren!, que así lo hacían sus padres con los falsos profetas».
Palabra del Señor.
Texto bíblico: Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat, edición-base de 1884. Dominio público.
Reflexión
Jesús llama bienaventurados a quienes parecen tener menos motivos para serlo. No afirma que la pobreza, el hambre o el llanto sean buenos. Proclama que ninguna de esas situaciones deja a una persona fuera del Reino ni de la mirada de Dios.
Nosotros solemos medir la vida de otro modo: por la seguridad económica, la facilidad, la imagen o la aprobación recibida. Esa medida puede hacernos creer superiores cuando todo marcha bien y fracasados cuando llega una pérdida, una estrechez o una etapa de tristeza.
Cristo no desprecia las necesidades reales ni pide resignación ante la injusticia. Advierte, más bien, del peligro de quedar satisfechos con un bienestar que nos vuelve insensibles. Quien ya se siente colmado puede dejar de esperar en Dios y de ver al hermano que sufre.
Las bienaventuranzas nos permiten mirar el presente sin convertirlo en sentencia definitiva. Nuestra esperanza no depende de aparentar una vida perfecta, sino de permanecer abiertos al Reino que Jesús ofrece.
Consejo para la vida
Observa hoy qué utilizas para medir el valor de tu vida: el dinero, los resultados, la comodidad o la opinión ajena. Preséntalo al Señor con sinceridad en la oración de hoy y presta atención a alguien cuya dificultad suele pasar inadvertida.
Oración
Señor Jesús, tú miras con amor a los pobres, a los que tienen hambre y a quienes lloran. Líbrame de medir mi vida por la comodidad o el aplauso. Hazme confiar en tu Reino y reconocer la dignidad de quienes sufren. Amén.
