Evangelio del día — 9 de septiembre de 2026
Jesús llama bienaventurados a quienes el mundo considera derrotados y abre una esperanza que no depende del bienestar presente.
Oración · Liturgia · Formación
Jesús llama bienaventurados a quienes el mundo considera derrotados y abre una esperanza que no depende del bienestar presente.
En el nacimiento de María celebramos el comienzo silencioso de una historia en la que Dios prepara su morada entre nosotros.
Jesús pone en el centro al hombre herido y muestra que ninguna norma puede convertirse en excusa para aplazar el bien.
Jesús enseña a corregir para ganar al hermano, custodiar la comunión y reconocer su presencia en la comunidad reunida en su nombre.
Jesús se revela como Señor del sábado y devuelve toda observancia religiosa a su verdadero centro: Dios y la vida del ser humano.
La presencia de Cristo, el Esposo, trae una novedad que no desprecia lo antiguo, pero pide un corazón renovado para recibirla.
Pedro reconoce el límite de sus fuerzas, confía en la palabra de Jesús y descubre una llamada que transforma toda su vida.
Jesús se acerca a cada enfermo, cura sin hacer promesas fáciles y continúa llevando a todos la buena noticia del Reino.
La palabra de Jesús posee una autoridad que no oprime: desenmascara el mal y devuelve al ser humano la libertad.
Jesús proclama que la promesa de Dios se cumple hoy y revela una misericordia que no acepta quedar encerrada en nuestros límites.